Una hernia discal lumbar puede explicar perfectamente determinados síntomas. Pero encontrar una hernia en una resonancia no significa automáticamente que hayamos encontrado la causa de todo lo que te duele.
Te hacen una resonancia. Lees “hernia L4-L5”, “protrusión L5-S1” o “extrusión discal” y de repente parece que tu espalda ha cambiado para siempre.
A veces esa imagen es una pieza importantísima del diagnóstico.
Otras veces es únicamente una pieza más.
La clave está en relacionar lo que vemos con lo que tú sientes, con tu exploración y con lo que has dejado de poder hacer.
Primero: ¿qué es realmente una hernia discal lumbar?
Entre las vértebras tenemos los discos intervertebrales.
No son simplemente unas almohadillas para impedir que dos huesos choquen.
Forman parte de un sistema que tiene que permitir movimiento y, al mismo tiempo, transmitir y distribuir las fuerzas que recibe nuestra columna.
Capas de tejido que forman la región periférica del disco.
Zona central con propiedades mecánicas diferentes que participa en la distribución de las cargas.
Cuando parte del material discal se desplaza más allá de sus límites habituales podemos encontrar diferentes configuraciones.
Por eso en los informes aparecen palabras como protrusión, extrusión o secuestro.
Son términos útiles para describir lo que vemos.
Pero no son, por sí solos, un pronóstico.
Una descripción radiológica nos dice cómo se ve una estructura. Todavía tenemos que averiguar qué relación tiene con tus síntomas y tu función.
Si quieres situar este problema dentro del resto de patologías que tratamos en la zona lumbar, puedes ampliar información en nuestra Unidad de hernia lumbar y salud vertebral.
Porque puedes tener cambios en una resonancia y no tener dolor
Esta parte suele sorprender.
Cuando hacemos pruebas de imagen a personas que no tienen dolor de espalda también aparecen degeneración discal, abombamientos y protrusiones.
Y muchos de esos hallazgos se hacen más frecuentes con la edad.
Pero cuidado con pasarnos al extremo contrario.
No.
Una hernia puede ser absolutamente relevante.
Especialmente cuando su nivel, la raíz nerviosa implicada, la distribución de tus síntomas y lo que encontramos al explorarte encajan entre sí.
¿Qué ocurre cuando una hernia afecta a una raíz nerviosa?
Aquí ya estamos hablando de algo diferente a tener únicamente dolor localizado en la zona lumbar.
El material discal puede entrar en relación con una raíz nerviosa y producir irritación y, dependiendo del caso, compresión.
Entonces podemos empezar a encontrar síntomas fuera de la propia espalda.
Puede extenderse desde la espalda o el glúteo hacia diferentes zonas de la pierna.
Pueden aparecer parestesias, sensación eléctrica u otras alteraciones sensitivas.
Determinadas regiones pueden sentirse diferentes respecto al otro lado.
Cuando existe afectación motora algunos músculos pueden perder capacidad para producir fuerza.
Por eso cuando vienes con una resonancia no me interesa únicamente leer el informe.
Quiero saber qué está pasando contigo.
Y una hernia discal tampoco es sinónimo de ciática
Utilizamos la palabra “ciática” para muchísimas cosas.
A veces simplemente para cualquier dolor que baja por la pierna.
Una hernia lumbar puede producir un cuadro radicular.
Pero no todo dolor que baja desde la espalda o el glúteo procede necesariamente de una hernia discal.
Por eso no hacemos el diagnóstico únicamente por la localización del dolor.
Entonces, ¿qué quiero saber cuando te valoro?
No se trata de acumular pruebas.
Se trata de responder preguntas.
Según lo que encontremos podemos valorar movilidad, fuerza, sensibilidad, pruebas neurológicas y la capacidad que tienes para realizar determinadas tareas.
Si quieres entender mejor esta forma de trabajar, en nuestra página de Diagnóstico y tecnología explicamos cómo utilizamos la valoración y la medición para tomar decisiones clínicas.
Entonces, ¿necesito una resonancia?
A veces sí.
Y otras veces no necesitamos empezar por ahí.
La resonancia puede ser especialmente importante cuando hay sospecha de afectación neurológica relevante, cuando la evolución no es la esperada o cuando conocer mejor la estructura va a cambiar una decisión clínica.
Pero pedir una resonancia a todo dolor lumbar desde el primer día tampoco significa diagnosticar mejor.
Porque podemos acabar encontrando estructuras alteradas que ya estaban ahí antes de que empezase el problema.
Una hernia discal lumbar no significa que tengas la espalda rota
Esta es una de las partes que más me interesa que entiendas.
Hay personas que leen un informe y empiezan a reorganizar toda su vida alrededor de él.
Al principio puede ser razonable modificar actividades.
El problema aparece cuando esa protección se convierte en la estrategia permanente.
Y cuando el dolor lleva tiempo condicionando tu vida, también tenemos que mirar algo más que el tejido.
El miedo a moverte, la preocupación constante, el sueño o la forma en la que el dolor está afectando a tu día a día pueden convertirse en piezas relevantes del proceso.
Cuando ese componente existe, integrar el trabajo de Psicología dentro de nuestro enfoque de Salud Integral puede tener sentido. No porque “el dolor esté en tu cabeza”, sino porque una recuperación completa no siempre depende de una sola variable.
Y hay algo que mucha gente no sabe: una hernia puede reducir su tamaño
Cuando ves una hernia grande en una resonancia es fácil imaginar que esa imagen se va a quedar exactamente igual para siempre.
No necesariamente.
Está bien documentado que parte del material herniado puede sufrir un proceso de reabsorción espontánea.
Una metaanálisis de 31 estudios y 2.233 pacientes tratados de manera conservadora encontró signos de reabsorción en aproximadamente siete de cada diez casos estudiados.
Además, las formas extruidas o secuestradas pueden mostrar mayor probabilidad de reabsorción que las más contenidas.
Eso no significa que todas las hernias vayan a evolucionar igual.
Ni que podamos ignorar una pérdida de fuerza importante mientras esperamos.
Significa algo mucho más útil:
¿Y qué significa entonces “tratamiento conservador”?
No significa tumbarte y esperar.
Puede incluir tratamiento médico cuando corresponde, educación, regulación temporal de determinadas actividades, fisioterapia y recuperación progresiva del movimiento y la capacidad física.
Reducir toda actividad indefinidamente esperando que desaparezca el problema.
Regular síntomas, recuperar movimiento, fuerza y exposición hasta acercarnos a tu vida real.
Si quieres conocer cómo planteamos específicamente estos problemas, puedes ir a Tratamientos y Unidad de hernia lumbar.
El ejercicio no “mete el disco en su sitio”
Y tampoco debería ser ese nuestro objetivo.
Utilizamos el ejercicio porque queremos recuperar aquello que el problema te ha hecho perder.
Quizá al principio necesitas simplemente volver a caminar con más tranquilidad.
Después tolerar más posiciones.
Después recuperar fuerza.
Y si quieres volver al gimnasio, correr o practicar deporte, necesitamos construir suficiente capacidad para hacerlo.
Ese trabajo conecta directamente con nuestro área de Ejercicio terapéutico.
Y si tu objetivo final es volver a correr, competir o recuperar demandas deportivas altas, también puedes conocer nuestro enfoque de Fisioterapia deportiva y readaptación.
¿Qué puedes hacer con esta información?
No interpretes el informe aislado
Relaciona la resonancia con tus síntomas, la fuerza, la sensibilidad y la exploración.
No conviertas el reposo en una estrategia permanente
Modificar actividad puede ser útil. Perder progresivamente toda exposición suele ser otra cosa.
Observa la función
Caminar, dormir, trabajar, sentarte, entrenar y recuperar fuerza nos dicen mucho más que mirar únicamente el dolor.
Presta atención a los cambios neurológicos
La pérdida de fuerza, sensibilidad o determinadas alteraciones urinarias e intestinales cambian el escenario.
No te preguntes únicamente cuánto te duele
El dolor importa, pero quiero saber también si estás recuperando capacidad.
Síntomas irradiados
¿Hasta dónde llegan? ¿Cambian de intensidad o distribución?
Fuerza
Si existía una pérdida, ¿se está recuperando?
Sensibilidad
¿Las alteraciones sensitivas están cambiando?
Movimiento
¿Puedes tolerar más posiciones y tareas?
Actividad
¿Estás recuperando caminar, trabajar, gimnasio o deporte?
¿Cuándo sí quiero que te preocupes y busques valoración urgente?
No quiero que una hernia te asuste simplemente porque aparece escrita en una resonancia.
Pero tampoco quiero banalizar determinados síntomas.
Cambios nuevos o importantes en el control de la vejiga o del intestino.
Pérdida o alteración de sensibilidad en la zona perineal o “en silla de montar”.
Pérdida de fuerza importante o que está progresando.
Síntomas neurológicos importantes en ambas piernas o deterioro rápido de la función.
En esos escenarios no aplicamos simplemente “ejercicio y a ver qué pasa”.
¿Y cuándo puede tener sentido una cirugía?
La cirugía no es el fracaso de la fisioterapia.
Tampoco es algo que haya que evitar a cualquier precio.
Es una opción terapéutica con indicaciones concretas.
Puede ser necesaria ante cuadros como síndrome de cauda equina, déficits motores importantes o progresivos y determinados casos en los que los síntomas siguen condicionando de forma importante la vida pese a un manejo conservador adecuado.
Lo importante vuelve a ser elegir en función del escenario real.