EPI ecoguiada en rodilla durante una sesión de fisioterapia invasiva en Fisioterapia Najarro Zaragoza

Tendinopatía: qué es, por qué duele y cómo recuperar.

TENDINOPATÍAS

Si te han dicho que tienes una tendinopatía, probablemente hayas escuchado explicaciones muy diferentes.

Que tienes el tendón inflamado. Que está degenerado. Que tienes que parar. Que tienes que fortalecerlo. Que no pasa nada si duele. Que hay que esperar a que deje de doler.

Y es normal que acabes sin saber muy bien qué está pasando.

Así que vamos a empezar por el principio.

Una tendinopatía no es simplemente un tendón inflamado, pero tampoco es un tendón “roto” o deteriorado que tengas que proteger indefinidamente.

Cuando hablamos de tendinopatía nos encontramos habitualmente con dolor relacionado con la carga y una pérdida de función. Es decir, un tendón que ha dejado de tolerar bien determinadas cosas que antes podía hacer.

Quizá puedes caminar, pero no correr.

Puedes subir unas escaleras, pero después de varias empiezas a notar dolor.

Puedes entrenar, pero cada vez que aumentas peso vuelve a molestarte.

O quizá puedes hacer prácticamente de todo, pero al día siguiente el tendón te recuerda que todavía no estaba preparado para esa cantidad de trabajo.

Ahí empieza realmente la conversación.

No solo queremos saber cuánto te duele.

Queremos saber qué puedes hacer ahora, qué has dejado de poder hacer y qué necesitas volver a hacer.

Porque eso es lo que va a dirigir la recuperación.

Entender para decidir.

Antes de hablar de tendinopatía, entiende qué es realmente un tendón

Normalmente imaginamos un tendón como una cuerda que une un músculo con un hueso.

Y para entendernos, no está mal.

Pero un tendón es bastante más interesante que eso.

Cuando tu músculo genera fuerza, esa fuerza tiene que llegar al hueso para producir movimiento. Y ahí el tendón tiene un papel fundamental.

Pero no actúa simplemente como un cable pasivo.

Tiene una estructura propia, células, colágeno organizado en diferentes niveles, fascículos y tejidos alrededor que ayudan a que todo ese sistema pueda soportar, transmitir y adaptarse a las cargas.

Además, no todo el tendón es igual.

Piensa, de forma sencilla, en tres zonas.

Unión miotendinosa

Es la transición entre músculo y tendón. Es uno de los puntos en los que empieza a transmitirse la fuerza generada por el músculo.

Cuerpo del tendón

Es la parte que normalmente imaginamos cuando hablamos de tendón y tiene que soportar y transmitir las fuerzas que recibe.

Entesis

Es la zona especializada donde el tendón se une al hueso.

¿Y por qué te cuento esto?

Porque cuando dices “me duele el tendón”, todavía nos falta mucha información.

No es exactamente lo mismo tener un problema en la inserción de un tendón que tenerlo varios centímetros más arriba.

El entorno es diferente.

Las fuerzas que recibe pueden ser diferentes.

Y, por tanto, la forma de cargarlo también puede necesitar ser diferente.

La anatomía no es algo que estudiamos únicamente para aprobar un examen. Nos ayuda a tomar decisiones.

Y tampoco todos los tendones hacen lo mismo

Esta parte me parece especialmente importante.

Porque muchas veces hablamos de “los tendones” como si todos fueran iguales.

Y no lo son.

Hay tendones cuyo trabajo está mucho más relacionado con controlar movimientos pequeños y precisos, mientras que otros tienen que transmitir fuerzas enormes e incluso almacenar energía para devolverla después.

Podemos pensar, simplificando, en tendones más relacionados con la precisión o el posicionamiento y otros mucho más implicados en la transmisión de fuerza y el almacenamiento de energía.

El tendón de Aquiles es un ejemplo fantástico.

Cuando corres, el Aquiles no funciona simplemente como una cuerda que tira del pie.

Se deforma Almacena energía Devuelve energía

Se comporta, en cierta manera, como un muelle biológico.

Ahora piensa en lo que eso significa para una recuperación.

Si tú quieres volver a correr, no me basta con saber que puedes hacer tranquilamente un ejercicio de gemelo.

Tu tendón tendrá que volver a ser capaz de recibir fuerzas rápidamente, almacenar energía y devolverla una y otra vez mientras corres.

No tratamos simplemente “un tendón”. Tenemos que entender qué tendón es, qué función cumple y qué quieres volver a pedirle.

Hay tendones que además tienen que deslizar

Otra diferencia interesante tiene que ver con el entorno en el que trabaja cada tendón.

Hay tendones o partes de tendones que discurren dentro de una vaina sinovial.

Puedes imaginarla como un entorno preparado para permitir que el tendón se deslice repetidamente con muy poca fricción.

Esto ocurre, por ejemplo, en determinadas zonas de los tendones de la mano.

Otros tendones trabajan fuera de este tipo de vainas.

El Aquiles, por ejemplo, no tiene una verdadera vaina sinovial. Está rodeado por un tejido denominado paratendón, que participa en su deslizamiento respecto a los tejidos de alrededor.

No necesitas memorizar los nombres.

Lo interesante es entender el concepto:

Dos tendones pueden estar formados por tejido tendinoso y, sin embargo, trabajar en entornos completamente diferentes.

Eso afecta a cómo funcionan, cómo deslizan y a las demandas mecánicas a las que están sometidos.

La anatomía importa porque cambia la función.
Y la función importa porque cambia lo que necesitamos recuperar.

Entonces, ¿qué pasa cuando aparece una tendinopatía?

Aquí es donde durante muchos años hemos simplificado demasiado.

Seguro que has escuchado la palabra tendinitis.

El problema de ese término es que nos lleva rápidamente a pensar:

“Tengo inflamado el tendón.”

Y desde ahí la solución parece evidente: desinflamarlo.

Pero una tendinopatía es bastante más compleja.

Puede haber cambios en las células, en la matriz del tendón, en su estructura y en la forma en la que responde a las cargas.

Por eso prefiero que no te obsesiones demasiado con encontrar una única palabra que explique todo lo que ocurre dentro.

Desde el punto de vista práctico hay algo bastante más útil que entender:

Tu tendón no está tolerando bien determinadas demandas.

Y ahí entran dos palabras que vas a verme utilizar muchísimo.

Carga y capacidad

Imagina que tu tendón tiene ahora mismo una determinada capacidad.

Puede soportar cierta cantidad de trabajo.

Y tú empiezas a pedirle más.

Aumentas kilómetros corriendo. Empiezas a hacer más cuestas. Metes más saltos. Vuelves al pádel después de dos meses sin jugar. Aumentas mucho el peso en el gimnasio. Empiezas una temporada con más partidos.

O simplemente concentras en sábado y domingo toda la actividad que no haces durante la semana.

La carga ha subido.

Pero tu capacidad todavía no lo ha hecho.

Y aparece un desajuste.

DEMANDA Carga
LO QUE PUEDES TOLERAR Capacidad

Eso no significa que la carga sea mala.

De hecho, más adelante veremos que necesitamos carga para recuperar el tendón.

El problema está en la relación entre lo que le pedimos y aquello para lo que está preparado.

Y tampoco quiero que te quedes con:

“Entonces la tendinopatía aparece porque he hecho demasiado.”

Porque vuelve a ser una simplificación.

La capacidad de un tendón también puede cambiar.

La actividad previa, los periodos de inactividad, la fuerza disponible, las lesiones anteriores y otros factores relacionados con la propia persona modifican el contexto.

¿Qué estás pidiendo a ese tendón y qué puede soportar ahora mismo?

¿Y si me duele significa que estoy dañándolo?

No necesariamente.

Y esto hay que explicarlo bien porque tampoco quiero que entiendas lo contrario:

“Como el dolor no es daño, da igual si duele.”

No.

El dolor importa.

Nos proporciona información.

Lo utilizamos para valorar cómo está respondiendo el tendón y para tomar decisiones.

Pero no funciona como un indicador exacto de cuánto tejido tienes dañado.

Más dolor Más tendón lesionado

Por eso cuando valoramos una tendinopatía no puedo quedarme únicamente con:

“Del 0 al 10, ¿cuánto te duele?”

Necesito saber mucho más.

¿Con qué actividad aparece? ¿Cuánto tardas en notarlo? ¿Qué ocurre después de entrenar? ¿Y al día siguiente? ¿Cuánto volumen puedes soportar? ¿Qué fuerza tienes? ¿Qué has dejado de poder hacer?

Porque quizá hoy tienes un dolor de 2 sobre 10.

Pero eso me dice muy poco si no sé qué capacidad hay detrás de ese 2.

La ecografía puede ayudarnos, pero no decide sola

La ecografía musculoesquelética es una herramienta que utilizamos mucho.

Y puede aportarnos información muy interesante.

Podemos observar el grosor del tendón, su estructura, la inserción, tejidos cercanos y otros hallazgos que pueden ayudarnos a construir mejor el diagnóstico.

Pero quiero que tengas clara una cosa:

Una ecografía no sustituye una valoración.

Una imagen sin contexto puede confundir más que ayudar.

Porque si veo un cambio estructural necesito preguntarme:

¿Coincide con tus síntomas? ¿Esa es realmente la zona que te duele? ¿Se reproduce con las pruebas de carga? ¿Puede haber otra estructura implicada? ¿Ese hallazgo está explicando realmente el problema?

Por eso para nosotros la ecografía forma parte de una pregunta más grande.

Escuchar Explorar Cargar Medir Decidir

Y cuando la imagen puede aportar información, la utilizamos.

Sin diagnóstico no hay tratamiento.

Que deje de doler no significa que esté recuperado

Este es uno de los errores que veo con frecuencia.

Imagina que te duele el Aquiles cuando corres.

Dejas de correr tres semanas.

Ahora ya no te duele.

Perfecto.

Así que decides volver y haces prácticamente la misma carrera que hacías antes.

Y vuelve a doler.

Entonces piensas:

“Otra vez me lo he lesionado.”

Pero puede haber ocurrido algo mucho más sencillo.

Durante esas tres semanas redujimos muchísimo la demanda.

El tendón dejó de recibir aquello que provocaba síntomas.

Pero no hicimos nada para recuperar la capacidad necesaria para correr como antes.

Habíamos conseguido que no doliera. No necesariamente que estuviera preparado.

Y esta diferencia es enorme.

Por eso el reposo no suele ser suficiente

No estoy diciendo que nunca haya que reducir actividad.

Hay momentos en los que hacerlo tiene mucho sentido.

Quizá hemos aumentado demasiado la carga.

Quizá necesitamos bajar temporalmente determinadas actividades para conseguir que el tendón vuelva a tolerar mejor el día a día.

Pero una cosa es regular la carga y otra muy distinta es quitarla durante semanas esperando que el problema desaparezca solo.

Porque si tu objetivo final requiere fuerza, resistencia, impactos o velocidad, tendremos que recuperar esas capacidades.

Sí, tenemos que cargar el tendón

El tendón responde al estímulo mecánico.

Necesita carga.

Pero aquí vuelve a aparecer uno de esos mensajes que se simplifican demasiado en redes:

“Las tendinopatías se curan con ejercicio.”

Vale.

¿Con cuál? ¿Cuánto peso? ¿Cuántas repeticiones? ¿Cuántas veces por semana? ¿Hasta qué dolor? ¿A qué velocidad? ¿Cuándo aumentamos? ¿Cuándo introducimos saltos? ¿Cuándo podemos correr?

Ese es el verdadero tratamiento.

No decir simplemente:

“Haz fortalecimiento.”

Por eso no creo demasiado en buscar el ejercicio para la tendinopatía.

Prefiero construir una progresión.

Porque hacer fuerza despacio no siempre es el final

Supongamos que tienes una tendinopatía aquílea y después de varias semanas ya eres capaz de mover bastante peso haciendo elevaciones de talón.

Eso es una buena noticia.

Has ganado capacidad.

Pero si quieres volver a jugar al fútbol, todavía nos queda una pregunta:

¿Puede ese tendón soportar las fuerzas y velocidades que va a recibir cuando corras, aceleres, frenes y saltes?

No es lo mismo.

Por eso una rehabilitación puede ir evolucionando desde movimientos relativamente controlados hacia demandas cada vez más rápidas y específicas.

Tolerar carga Ganar fuerza Aumentar capacidad Velocidad Impacto Almacenar y devolver energía Volver a tu actividad

No todas las personas necesitan llegar al mismo sitio.

Y eso es importante.

Si quieres caminar sin molestias, tu objetivo será uno.

Si quieres correr una media maratón, otro.

Si juegas al baloncesto, otro.

La demanda final nos dice qué necesitamos recuperar.

¿Cómo sabemos entonces que realmente estás mejorando?

Midiendo algo más que el dolor.

No necesitamos convertir cada sesión en un laboratorio.

Pero sí quiero tener datos que nos permitan saber si estamos avanzando.

¿Toleras más carga?

Quizá antes el tendón empezaba a molestarte después de caminar 20 minutos y ahora puedes hacerlo durante una hora.

Eso es cambio.

¿Tienes más fuerza?

Quizá antes había una diferencia importante entre ambas piernas y esa diferencia está disminuyendo.

Eso es cambio.

¿Tienes más resistencia?

Quizá antes hacías ocho elevaciones de talón y ahora puedes hacer veinte manteniendo una buena ejecución.

Eso es cambio.

¿Toleras mejor la velocidad?

Quizá puedes empezar a introducir pequeños saltos que antes eran imposibles.

Eso es cambio.

¿Estás recuperando tu actividad?

Quizá has pasado de no correr a poder hacer intervalos y después aumentar progresivamente el tiempo.

Eso es cambio.

No medimos porque nos guste acumular números.

Medimos porque queremos saber si tu capacidad se está acercando a aquello que necesitas hacer fuera de la clínica.

Medir el cambio. Sin datos no hay cambio.

¿Y entonces para qué sirven la EPI, la diatermia, la neuromodulación o la terapia manual?

Pueden ser herramientas.

Y esa palabra es importante:

HERRAMIENTAS

Hay pacientes y momentos en los que podemos utilizarlas para intentar modificar síntomas, intervenir sobre determinados tejidos o ayudarnos durante una fase del proceso.

Pero ninguna técnica puede convertirse en el tratamiento completo simplemente porque tengamos una máquina o una aguja disponible.

Si tú necesitas volver a correr, yo puedo hacer muchas cosas sobre tu tendón en una camilla.

Pero en algún momento ese tendón tendrá que volver a correr.

Recibir fuerzas Adaptarse Producir Absorber Repetir

Por eso no me interesa acumular técnicas.

Me interesa saber qué problema estamos intentando resolver y qué herramienta puede ayudarnos a hacerlo.

Elegir bien también es tratar.

La estrategia está por encima de la técnica.

¿Cuánto tarda una tendinopatía en recuperarse?

Esta pregunta aparece muchísimo.

Y entiendo perfectamente por qué quieres una respuesta.

Pero si te digo:

“Una tendinopatía tarda tres meses.”

sin saber nada de ti, realmente no te estoy respondiendo.

Necesito saber qué tendón es, qué parte del tendón, cuánto tiempo llevas, qué capacidad tienes ahora, qué actividad necesitas recuperar, qué carga toleras, qué factores pueden estar influyendo y cómo estás respondiendo al proceso.

No tarda lo mismo en llegar a su objetivo alguien que simplemente quiere caminar sin dolor que alguien que necesita volver a competir.

Así que prefiero utilizar el tiempo como una referencia, no como el único criterio.

¿Dónde estamos? ¿Qué hemos recuperado? ¿Qué nos falta?

Eso me interesa mucho más que contar semanas en un calendario.

EL OBJETIVO

Al final no queremos que protejas tu tendón para siempre

Queremos exactamente lo contrario.

Queremos que vuelva a ser capaz.

Que vuelvas a confiar en él.

Que deje de condicionar cada decisión que tomas.

Que puedas caminar, entrenar, correr, saltar, trabajar o competir sin estar continuamente pensando en si vas a volver a lesionarlo.

Y para conseguirlo no siempre necesitamos hacer más cosas.

Necesitamos hacer las cosas adecuadas en el momento adecuado.

Entender qué está pasando. Saber desde dónde empezamos. Decidir qué capacidad necesitamos recuperar. Cargar. Medir. Progresar.

Y acercarnos poco a poco a aquello que realmente quieres volver a hacer.

Porque al final el objetivo no es simplemente conseguir que un tendón duela menos.

El objetivo es que vuelva a tener capacidad para tu vida.

Un plan. Un camino.
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