Paciente realizando un ejercicio de salto durante la readaptación de una tendinopatía en Clínica Najarro Zaragoza

Tendinopatía: ¿reposo o ejercicio?

TENDINOPATÍAS · CARGA

Te duele un tendón y aparece una de las primeras preguntas: ¿paro hasta que deje de doler o sigo haciendo ejercicio?

Y normalmente recibes dos respuestas completamente opuestas.

OPCIÓN 1

“No lo fuerces. Descansa hasta que no te duela.”

OPCIÓN 2

“El dolor da igual. Tienes que cargarlo.”

El problema es que probablemente ninguna de las dos, planteada así, sea una buena respuesta.

En una tendinopatía no queremos proteger indefinidamente el tendón, pero tampoco queremos seguir añadiendo carga sin preguntarnos cómo está respondiendo.

Queremos encontrar una cantidad de trabajo que el tendón pueda tolerar ahora y utilizarla para ir construyendo más capacidad.

No se trata de elegir entre reposo o ejercicio. Se trata de encontrar la carga adecuada.

Primera idea: que duela no significa automáticamente que tengas que parar

Si cada vez que aparece dolor eliminamos completamente cualquier actividad que cargue el tendón, corremos el riesgo de utilizar el síntoma como único criterio para decidir.

Y ya vimos en el artículo anterior que dolor y capacidad no son exactamente lo mismo.

Puedes tener algo de molestia y estar aumentando tu capacidad.

Y también puedes tener muy poco dolor porque llevas tres semanas sin hacer prácticamente nada y haber perdido capacidad.

Menos dolor Más capacidad

Por eso la pregunta no puede ser simplemente:

“¿Me duele o no me duele?”

Necesitamos añadir otra:

¿Cómo está respondiendo el tendón a lo que le estoy pidiendo?

El reposo puede bajar los síntomas. Eso no significa que haya resuelto el problema

Vamos con un ejemplo muy sencillo.

Te duele el Aquiles corriendo.

Dejas de correr.

Una semana después te duele mucho menos.

Tiene bastante lógica.

Has quitado precisamente una de las actividades que más estaba cargando ese tendón.

Pero ahora tenemos que distinguir dos cosas.

Reducir síntomas

Hemos bajado aquello que estaba provocando dolor.

Recuperar capacidad

Preparamos de nuevo el tendón para soportar aquello a lo que quieres volver.

La primera puede ocurrir simplemente reduciendo actividad.

La segunda necesita adaptación.

Por eso no me gusta decirte simplemente:

“Descansa hasta que no te duela.”

Prefiero preguntarme si necesitamos reducir, sustituir o reorganizar determinadas cargas mientras mantenemos aquellas que el tendón sí puede tolerar.

Eso es muy diferente a dejar de utilizarlo.

Y cuando digo carga no estoy hablando solo de poner más kilos

Esta es otra idea importante.

Cuando escuchamos “cargar el tendón” solemos pensar rápidamente en añadir peso a un ejercicio.

Pero la carga es mucho más que eso.

RESISTENCIA

Cuánta fuerza tienes que producir.

VOLUMEN

Cuánto trabajo acumulas.

FRECUENCIA

Cuántas veces expones al tendón a esa demanda.

VELOCIDAD

Con qué rapidez tiene que recibir o producir fuerza.

RANGO

En qué posiciones tiene que trabajar.

IMPACTO

Qué capacidad necesita para absorber y devolver energía.

Y después tenemos la actividad que haces fuera de los ejercicios.

Caminar.

Trabajar.

Subir escaleras.

Correr.

Jugar al pádel.

Entrenar.

Todo suma.

El tendón no distingue entre “ejercicio de rehabilitación” y “mi vida”. Recibe la suma de todo lo que haces.

La pregunta importante no es si cargas. Es qué dosis estás utilizando

Pongamos que dos personas hacen exactamente el mismo ejercicio.

Una utiliza poco peso y lo repite todos los días.

Otra utiliza una resistencia considerablemente mayor y deja tiempo suficiente para recuperarse entre sesiones exigentes.

A simple vista las dos están “haciendo ejercicio para el tendón”.

Pero el estímulo no es el mismo.

La investigación sobre ejercicio de resistencia en tendinopatías nos está enseñando precisamente que la intensidad, la frecuencia y la recuperación entre estímulos importan.

Y esto me parece mucho más interesante que discutir continuamente si un ejercicio tiene que ser excéntrico, concéntrico o isométrico como si una contracción concreta fuese la solución.

No buscamos simplemente “hacer ejercicios”. Buscamos generar un estímulo suficiente para provocar adaptación sin superar continuamente lo que el tendón puede tolerar.

Entonces, ¿se puede hacer ejercicio si el tendón duele?

En muchos casos, sí.

Pero quiero que entiendas bien esa respuesta.

No significa que tengamos que perseguir el dolor.

Tampoco significa que cuanto más duela, mejor estamos cargando.

Significa que la aparición de cierta molestia durante una actividad no obliga automáticamente a detener todo el proceso.

En tendinopatía aquílea existen modelos de rehabilitación en los que se permite continuar realizando actividad mientras los síntomas se mantienen dentro de unos límites y se observa cómo responde el tendón posteriormente.

Eso nos lleva a algo mucho más útil que buscar dolor cero durante cada ejercicio.

No observes únicamente lo que ocurre durante el ejercicio. Observa también lo que ocurre después.

¿Y qué pasa con la famosa regla del dolor 5 sobre 10?

Probablemente hayas visto gráficos diciendo que hasta un determinado nivel de dolor puedes seguir entrenando.

Hay una base detrás de esa idea.

En modelos de monitorización utilizados especialmente en tendinopatía aquílea se ha permitido cierta molestia durante la actividad y se ha observado además cómo se comportan los síntomas posteriormente.

En algunos de esos protocolos se utiliza como referencia un dolor de hasta aproximadamente 5 sobre 10 y se espera que la respuesta vuelva a niveles previos en torno al día siguiente.

Pero aquí viene la parte importante.

NO ES UN NÚMERO MÁGICO

El 5 sobre 10 no convierte automáticamente una carga en adecuada y el 6 sobre 10 no la convierte automáticamente en peligrosa.

Es una herramienta de monitorización utilizada dentro de determinados modelos.

Tenemos que mirar qué tendón estamos tratando, qué actividad estás haciendo, cuál era tu nivel inicial, cuánto dura la respuesta, cómo está evolucionando tu función y qué ocurre cuando repetimos esa carga durante varios días o semanas.

El contexto vale más que un número aislado.

Para saber si la carga es adecuada, mira la respuesta completa

A mí me interesa observar tres momentos.

DURANTE

¿Qué síntomas aparecen? ¿En qué momento? ¿Van aumentando de forma clara conforme sigues?

DESPUÉS

¿El tendón vuelve rápidamente a su situación habitual o queda mucho más sensible después de la actividad?

SIGUIENTE EXPOSICIÓN

¿Puedes volver a cargarlo con normalidad o cada sesión te deja peor preparado para la siguiente?

Lo importante no es conseguir que cada una de esas respuestas sea siempre cero.

Lo importante es observar la tendencia.

Más tolerancia Más fuerza Más actividad Mejor recuperación

Si semana tras semana puedes tolerar más trabajo, recuperar mejor entre exposiciones y acercarte a tu actividad, probablemente estamos construyendo capacidad.

Si cada vez necesitas hacer menos porque los síntomas se acumulan, tendremos que revisar la dosis.

Medir la respuesta nos permite decidir la siguiente carga.

Bajar, mantener o subir

En vez de pensar únicamente en “hacer ejercicio” o “descansar”, prefiero que tengamos tres posibilidades.

BAJAR

La respuesta está siendo claramente peor de lo que queremos. Reducimos alguna variable: volumen, intensidad, velocidad, frecuencia o una actividad concreta.

MANTENER

La carga supone un estímulo, pero la respuesta es asumible y la capacidad está evolucionando. No siempre necesitamos progresar cada sesión.

SUBIR

La demanda actual ya se tolera bien y necesitamos acercarnos un poco más a aquello que tendrás que hacer fuera de la rehabilitación.

Y fíjate en una cosa.

En ninguna de las tres opciones aparece:

“Haz siempre exactamente lo mismo durante seis semanas.”

Porque una progresión necesita cambiar cuando cambia tu capacidad.

A veces no necesitamos quitar una actividad. Necesitamos cambiar cómo la hacemos

Supongamos que corres cuatro días por semana y tu Aquiles ya no está tolerando bien esa exposición.

La solución no tiene por qué ser necesariamente:

“Cero carrera durante un mes.”

Quizá podemos modificar temporalmente kilómetros.

O frecuencia.

O velocidad.

O cuestas.

O separar mejor las sesiones.

O sustituir parte del trabajo cardiovascular por otra actividad que reduzca la demanda sobre ese tendón mientras recuperamos capacidad.

Eso es gestionar carga.

No prohibir movimiento por sistema.

Elegir bien también es tratar.

¿Cuándo progresamos?

Tampoco quiero que la progresión dependa únicamente de que un ejercicio “ya no duela”.

Podemos mirar varias cosas.

Respuesta a la carga

El estímulo actual se tolera razonablemente bien y la respuesta posterior no se va acumulando de forma negativa.

Fuerza

Eres capaz de producir más fuerza o trabajar con mayor resistencia.

Resistencia

Puedes mantener más trabajo sin que la calidad caiga rápidamente.

Velocidad e impacto

Cuando tu actividad lo necesita, empezamos a tolerar demandas más rápidas.

Actividad real

Te estás acercando a correr, trabajar, entrenar o competir con menos limitaciones.

La progresión no tiene sentido porque han pasado siete días.

Tiene sentido porque tienes más capacidad para asumir la siguiente demanda.

Medir el cambio.

Y una última cosa: no todo dolor de tendón debe gestionarse simplemente cargando

Todo lo que hemos hablado parte de una premisa: que realmente estamos ante una tendinopatía y que hemos entendido suficientemente bien el problema.

Si el dolor ha aparecido de forma brusca después de un traumatismo, has sentido un chasquido, existe una pérdida repentina importante de fuerza o el cuadro no se comporta como esperamos, no tiene sentido aplicar por tu cuenta una regla de carga encontrada en internet.

Hay roturas parciales o completas, afectaciones de estructuras vecinas y otras situaciones que pueden parecer inicialmente “dolor de tendón”.

Por eso antes de decidir cuánto cargar necesitamos saber qué estamos cargando.

Sin diagnóstico no hay tratamiento.
QUÉDATE CON ESTO

No queremos descargar el tendón para siempre. Queremos que pueda cargar más

Una tendinopatía no suele resolverse eligiendo entre dos extremos:

parar completamente hasta que desaparezca cualquier molestia;

o seguir entrenando exactamente igual ignorando lo que está ocurriendo.

Lo que buscamos es algo bastante más útil.

Encontrar desde dónde puedes empezar.

Ajustar aquello que ahora está superando tu capacidad.

Mantener la actividad que sí toleras.

Construir fuerza.

Recuperar resistencia.

Introducir velocidad e impacto cuando haga falta.

Y comprobar que cada paso te acerca realmente a lo que quieres volver a hacer.

La carga no es el enemigo. Tiene que convertirse en parte de la solución.

Un plan. Un camino.
WhatsApp
Scroll al inicio