Si llevas meses o años con dolor persistente, probablemente hayas terminado haciéndote una pregunta muy lógica:
A veces existe un tejido o una enfermedad que continúa generando información nociceptiva y tenemos que tratarla.
A veces existe una lesión del sistema nervioso.
Y otras veces el dolor persiste de una forma que ya no puede explicarse únicamente por el estado de una estructura.
Incluso pueden coexistir varios mecanismos.
Por eso una de las ideas más importantes para entender el dolor persistente es esta:
Antes de seguir: tu dolor es real
Quiero empezar por aquí porque todo lo que vamos a explicar después puede entenderse muy mal si no dejamos esto claro.
Decir que el dolor no depende únicamente del daño de un tejido no significa que el dolor sea imaginario.
No significa que estés exagerando.
No significa que “esté todo en tu cabeza”.
El dolor es una experiencia real.
Y está influida por procesos biológicos, psicológicos y sociales que interactúan entre sí.
Reconocer que factores psicológicos o sociales pueden modificar el dolor no convierte el problema en psicológico. Significa aceptar que el sistema que genera la experiencia de dolor es complejo.
Dolor y nocicepción tampoco son exactamente lo mismo
Esta diferencia nos ayuda muchísimo.
La nocicepción es el proceso mediante el cual el sistema nervioso detecta y procesa estímulos potencialmente dañinos.
El dolor es la experiencia que finalmente percibes.
Están relacionados.
Pero no podemos calcular uno simplemente mirando el otro.
Por eso la intensidad del dolor no funciona como un escáner que nos diga exactamente cuánto tejido está dañado.
Entonces, ¿por qué duele?
Porque existen diferentes mecanismos capaces de participar en el dolor.
De forma sencilla podemos hablar de tres grandes descriptores.
Existe daño real o potencial en tejidos no neurales capaz de activar el sistema nociceptivo.
Existe una lesión o enfermedad del sistema somatosensorial.
El dolor aparece asociado a una alteración en la nocicepción que no se explica completamente por daño tisular nociceptivo o lesión nerviosa.
Y aquí viene algo muy importante:
Diferentes mecanismos pueden coexistir.
Y pueden cambiar con el tiempo.
Dolor persistente no significa automáticamente dolor nociplástico
Quiero dejar esto especialmente claro.
Que lleves más de tres meses con dolor no significa que podamos decir:
Necesitamos valorar.
Puede seguir existiendo una fuente nociceptiva relevante.
Puede existir dolor neuropático.
Puede existir un mecanismo nociplástico.
O una combinación.
Por eso no me interesa cambiar una simplificación por otra.
¿Qué significa que el sistema se vuelva más sensible?
Imagina el sistema que procesa las señales relacionadas con dolor como un sistema de alarma.
Cuando existe una lesión, que esa alarma responda tiene sentido.
Nos ayuda a proteger.
El problema aparece cuando determinadas respuestas se mantienen o amplifican mucho más allá de lo que esperaríamos únicamente por el estado del tejido.
Entonces actividades que antes eran normales pueden empezar a generar respuestas desproporcionadas.
O zonas que antes toleraban perfectamente contacto, movimiento o carga pueden volverse mucho más sensibles.
Eso no significa que el cuerpo esté inventando el dolor.
Significa que ha cambiado la forma en la que procesa determinadas señales.
Y por eso una imagen puede quedarse igual mientras tú mejoras
Esta idea conecta directamente con lo que vimos en el artículo de hernia discal.
Puedes tener una resonancia con determinados cambios y encontrarte mejor.
Y también puedes tener hallazgos relativamente modestos y sentir una limitación enorme.
No porque la imagen no sirva.
Sino porque estructura y experiencia de dolor no son exactamente la misma variable.
↗Entonces, ¿qué quiero saber cuando llevas mucho tiempo con dolor?
Bastantes más cosas que “de cero a diez, cuánto te duele”.
Y además tenemos que comprobar si existe alguna explicación médica, neurológica, inflamatoria o estructural que todavía necesitemos estudiar.
Ahí entra nuestro proceso de Diagnóstico y valoración .
El objetivo no siempre puede ser “esperar a no tener dolor para empezar a vivir”
Esta es una de las trampas más duras del dolor persistente.
Primero dejas de correr hasta que no duela.
Después dejas el gimnasio.
Luego empiezas a evitar paseos largos.
Después determinadas posturas.
Y sin darte cuenta tu vida empieza a organizarse alrededor de evitar dolor.
Esto no significa que tengamos que ignorar el dolor y obligarte a hacer todo.
Significa que muchas veces necesitamos encontrar una forma progresiva de recuperar actividad mientras gestionamos los síntomas.
Por eso el ejercicio puede tener un papel importante
No porque exista un ejercicio capaz de “apagar” cualquier dolor persistente.
Ni porque entrenar más sea siempre mejor.
El ejercicio nos interesa porque puede ayudarnos a recuperar cosas que a menudo se han ido perdiendo.
Volver a producir fuerza donde la has perdido.
Tolerar más actividad antes de fatigarte.
Recuperar tareas y posiciones que has empezado a evitar.
Comprobar progresivamente que tu cuerpo puede volver a hacer cosas.
Ese trabajo puede formar parte de nuestro Ejercicio terapéutico dentro de Salud Integral .
¿Y qué papel tiene la Psicología?
Uno muy diferente al que muchas personas imaginan.
No utilizamos Psicología para decirte:
Eso sería una mala explicación.
Pero el dolor persistente puede convivir con miedo, ansiedad, frustración, hipervigilancia, alteraciones del sueño, pérdida de identidad, incertidumbre o una reducción enorme de actividades.
Y todo eso puede afectar a cómo vives el dolor y a cómo consigues recuperar tu vida.
La Psicología puede ayudarnos a trabajar esas piezas cuando realmente existen.
No para sustituir a la fisioterapia.
Sino para sumar otra herramienta cuando la recuperación la necesita.
Esa es precisamente la lógica de nuestra área de Psicología y Salud Integral .
El sueño también puede cambiar el escenario
Si llevas meses durmiendo mal porque te duele, el sueño deja de ser un detalle.
Y muchas veces ocurre en ambas direcciones.
El dolor dificulta dormir.
Y dormir mal puede hacer que el día siguiente sea todavía más difícil.
Por eso cuando el sueño está claramente afectado no quiero ignorarlo simplemente porque “hemos venido por la espalda”.
¿Y la nutrición tiene que entrar siempre?
No.
Y esto es importante para mantener el enfoque integral con criterio.
Tener dolor persistente no significa que necesites automáticamente Nutrición.
Pero puede haber situaciones en las que composición corporal, metabolismo, hábitos alimentarios, enfermedades metabólicas, baja disponibilidad energética o determinadas patologías asociadas sean relevantes.
En esos casos podemos integrar Nutrición Clínica .
No queremos añadir Fisioterapia + Psicología + Nutrición + Ejercicio a todo el mundo. Queremos identificar qué piezas están realmente limitando tu recuperación.
Entonces, ¿qué significa un tratamiento integral?
No significa hacer muchas cosas.
Significa mirar suficientes cosas para no perdernos aquello que realmente importa.
Diagnóstico, movimiento, función y tratamiento musculoesquelético.
Recuperar fuerza, resistencia, tolerancia y actividad.
Miedo, estrés, frustración, sueño, adherencia y el impacto emocional cuando son relevantes.
Composición corporal, metabolismo y alimentación cuando forman parte del problema.
Puedes conocer esta forma de trabajar en Salud Integral Najarro .
Si llevas mucho tiempo con dolor, empieza observando algo más que su intensidad
Qué sigues pudiendo hacer
No registres únicamente aquello que has perdido. Saber qué toleras nos ayuda a encontrar desde dónde empezar.
Qué estás evitando
A veces la actividad ha disminuido mucho más que la capacidad real.
Cómo respondes después de una actividad
No observes únicamente el dolor durante el movimiento.
Cómo estás durmiendo
Sueño y fatiga pueden cambiar enormemente el contexto.
Qué quieres recuperar
Caminar, jugar con tus hijos, volver al gimnasio o trabajar sin miedo son objetivos mucho más útiles que perseguir únicamente un número de dolor.
Mejorar no es únicamente pasar de un dolor 8 a un dolor 3
Evidentemente quiero saber cuánto te duele.
Pero también quiero saber qué estás recuperando.
Actividad
¿Puedes caminar, trabajar o entrenar durante más tiempo?
Fuerza
¿Has recuperado capacidades físicas que habías perdido?
Sueño
¿Descansas mejor y tienes más energía durante el día?
Confianza
¿Tienes menos miedo de determinadas actividades?
Participación
¿Estás recuperando partes de tu vida que el dolor había desplazado?
¿Cuándo no quiero que interpretes un dolor nuevo simplemente como “mi dolor crónico”?
Tener dolor desde hace años no te hace inmune a tener un problema nuevo.
Y ese matiz es muy importante.
Aparición de pérdida de fuerza nueva o progresiva.
Cambios neurológicos que antes no existían.
Dolor claramente diferente a tu patrón habitual.
Fiebre, enfermedad sistémica o mal estado general asociados a un dolor nuevo.
Traumatismo relevante o cualquier otro cambio que haga pensar que el escenario ha cambiado.
No debemos explicar automáticamente cualquier síntoma nuevo utilizando una etiqueta antigua.
En dolor persistente, recuperar suele significar construir más de una cosa
Qué mecanismos pueden estar participando.
Qué necesita otra actuación.
Movimiento y capacidad física.
Trabajar sueño, miedo o estrés si realmente interfieren.
Recuperar partes de tu vida.
No todo el mundo necesita empezar por el mismo sitio
Diagnóstico
Revisar qué mecanismos pueden estar participando y qué necesitamos estudiar.
↗ HE PERDIDO CAPACIDADEjercicio terapéutico
Recuperar movimiento, fuerza y tolerancia de forma progresiva.
↗ EL DOLOR HA INVADIDO MI VIDAPsicología
Trabajar miedo, ansiedad, frustración, sueño o impacto emocional cuando proceda.
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