Una ecografía musculoesquelética puede enseñarnos en tiempo real qué está ocurriendo en determinados músculos, tendones, ligamentos, articulaciones y tejidos.
Y eso puede ser tremendamente útil.
Pero hay una diferencia importante entre ver algo y saber qué significa para ti.
Porque una imagen puede mostrar una alteración estructural.
Pero todavía necesitamos saber si coincide con la zona que te duele, si explica tus síntomas, cómo funciona esa estructura y qué capacidad has perdido.
¿Qué es una ecografía musculoesquelética?
La ecografía utiliza ondas de ultrasonido para generar imágenes de los tejidos que tenemos debajo de la sonda.
En fisioterapia musculoesquelética tiene una ventaja especialmente interesante:
podemos observar determinadas estructuras en tiempo real.
No estamos mirando únicamente una fotografía estática.
Podemos mover una articulación.
Contraer un músculo.
Hacer deslizar un tendón.
Comparar determinadas posiciones.
O incluso reproducir una tarea concreta mientras observamos cómo se comporta la zona.
Ese carácter dinámico es una de las razones por las que utilizamos la ecografía dentro de nuestro proceso de Diagnóstico cuando realmente puede ayudarnos a responder una pregunta clínica.
¿Qué podemos ver con una ecografía?
Depende de la región que estemos estudiando.
Pero la ecografía musculoesquelética es especialmente útil para valorar muchas estructuras superficiales.
Grosor, continuidad, estructura fibrilar, inserciones, calcificaciones y otros cambios estructurales.
Arquitectura muscular, roturas, colecciones y determinados cambios relacionados con una lesión.
Continuidad y aspecto de ligamentos accesibles mediante ecografía.
Podemos observar determinadas bursas y posibles cambios en su contenido o tamaño.
En determinadas regiones podemos estudiar su tamaño, trayecto y relación con estructuras cercanas.
Cápsula, líquido, cortical ósea accesible y otros elementos dependiendo de la zona.
Además podemos utilizar Doppler en determinados casos para estudiar flujo vascular y cambios de vascularización.
Que algo pueda verse mediante ecografía no significa que la ecografía sea automáticamente la mejor prueba para cualquier problema musculoesquelético.
La gran ventaja: podemos observar movimiento
Esta es una de las cosas que más me gustan de la ecografía.
Hay estructuras cuyo comportamiento cambia cuando mueves.
Y poder observarlas mientras ocurre puede aportar información que una imagen completamente estática no nos da.
Podemos observar el comportamiento de determinados tendones durante el movimiento.
Podemos valorar el desplazamiento de tendones y determinados ligamentos.
Podemos estudiar tendones y nervios mientras dedos y muñeca se mueven.
Podemos observar cómo cambia una estructura durante una contracción.
Pero aquí viene lo importante: encontrar una alteración no significa haber encontrado la causa del dolor
Esta idea ya ha aparecido en otros artículos del Blog y merece repetirse.
Podemos encontrar cambios estructurales en personas que no tienen síntomas.
Y también podemos encontrar personas con síntomas importantes sin que una imagen explique por sí sola todo lo que está pasando.
En tendón lo vemos perfectamente.
La ecografía puede detectar cambios de grosor, ecogenicidad o vascularización.
Pero estructura, dolor y función no mantienen una relación perfecta.
Por eso si estamos hablando de una tendinopatía, la historia clínica y la respuesta del tendón a la carga siguen siendo fundamentales.
↗Entonces, ¿para qué me sirve realmente la ecografía?
Para contestar preguntas.
No para encenderla porque está en la consulta.
Por eso la ecografía empieza antes de coger la sonda
Antes quiero escucharte.
Saber cuándo empezó.
Qué estabas haciendo.
Qué movimientos molestan.
Qué has dejado de poder hacer.
Después exploramos.
Y si aparece una pregunta que la imagen puede ayudarnos a responder, utilizamos la ecografía.
Esa es la lógica que desarrollamos en nuestra página de Diagnóstico y tecnología .
¿Y la resonancia? ¿Es mejor que la ecografía?
No me gusta plantearlo como una competición.
Son herramientas diferentes.
Cada una tiene fortalezas y limitaciones.
Excelente para numerosas estructuras superficiales y para observar movimiento en tiempo real.
Puede estudiar regiones y estructuras que no son accesibles adecuadamente mediante ecografía.
Lo importante no es utilizar la prueba “más sofisticada”.
Es utilizar la que realmente necesitamos.
Hay zonas que la ecografía no puede valorar bien
La ecografía tiene limitaciones físicas.
El hueso bloquea gran parte del ultrasonido.
Por eso no podemos utilizarla para observar correctamente estructuras profundas situadas detrás del hueso.
Por ejemplo, una ecografía no es la prueba con la que vamos a estudiar un disco intervertebral lumbar.
Si estás leyendo esto porque tienes una hernia lumbar, este artículo te resultará más útil:
↗La ecografía también depende de quién la realiza
Otra característica importante es que es una técnica dependiente del operador.
La posición de la sonda importa.
El ángulo importa.
Saber reconocer artefactos importa.
Comparar en diferentes planos importa.
Y sobre todo importa interpretar lo que vemos dentro del contexto clínico.
Un tendón puede parecer artificialmente más oscuro simplemente porque el haz de ultrasonido no está entrando con el ángulo adecuado. Ese artefacto se conoce como anisotropía y es una de las razones por las que la técnica importa.
¿Y para qué sirve en fisioterapia invasiva?
Aquí la función cambia.
Ya no estamos utilizando la ecografía únicamente para observar.
También puede servir como guía cuando realizamos determinados procedimientos invasivos.
Poder visualizar la aguja permite conocer su posición respecto a la estructura que queremos abordar y respecto a tejidos que necesitamos evitar.
Pero quiero separar dos decisiones.
Primero decidimos si un procedimiento invasivo tiene sentido dentro de tu tratamiento.
Si procede, la ecografía puede ayudarnos a realizarla con mayor control anatómico.
Una ecografía no mide tu fuerza
Y esta distinción también me parece importante.
Una imagen puede decirnos cosas sobre una estructura.
Pero si queremos saber cuánta fuerza produces, necesitamos medir fuerza.
Si queremos saber cuánto rango has recuperado, necesitamos medir movilidad.
Si queremos saber cómo respondes a una carga, tenemos que cargarte.
Ecografía
¿Qué vemos?
Dinamometría
¿Cuánto produces?
Goniometría
¿Qué rango tienes?
Pruebas de carga
¿Qué eres capaz de hacer?
Por eso hablamos de Diagnóstico y medición como un conjunto, no como una única máquina.
Si te hacen una ecografía, estas son buenas preguntas
¿Qué estamos intentando comprobar?
La ecografía debería tener una pregunta detrás.
¿Lo que vemos coincide con mis síntomas?
Una alteración que no encaja clínicamente necesita interpretarse con prudencia.
¿Cambia lo que vamos a hacer?
Si la información no modifica ninguna decisión, debemos preguntarnos cuánto valor aporta.
¿Qué información nos sigue faltando?
Fuerza, movilidad y función no aparecen automáticamente en la pantalla.
La imagen es una pieza del proceso
Qué ocurre y cuándo.
Qué reproduce y modifica los síntomas.
Qué puede aportar la ecografía.
Qué capacidad tienes.
Qué hacemos con toda la información.
La ecografía no es el destino. Es una herramienta dentro del camino.
Necesito entender qué ocurre
Valoración, ecografía y medición cuando pueden cambiar nuestras decisiones.
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